HISTORIA DE NUESTRO DISTRITO

Nuestros Comienzos


 

Las Asambleas de Dios

A consecuencias del  gran avivamiento pentecostal de la Calle Azusa, California en 1906 y a consecuencias de la explosión de muchas nuevas iglesias pentecostales independientes que surgieron de ese avivamiento, el Concilio de las Asambleas de Dios nació el día 2 de abril del 1914 en la ciudad de Hot Springs, Arkansas.

Antes de su nacimiento, como para el 1910 ya había dos grandes asociaciones pentecostales; la primera, la Fraternidad de Texas y Arkansas dirigida por E.M. Bell y la segunda, la Fraternidad de Alabama y Mississippi dirigida por H.A. Gross. El hermano Bell, a través de la revista que él publicaba, Palabra y Testimonio, se dio cuenta de los testimonios de muchos hermanos que a lo largo y ancho del país habían recibido la promesa del Espíritu Santo, por lo que sintió la necesidad de unificar a estas muchas iglesias independientes para hacer valer los derechos sobre sus propiedades ante el gobierno. Así es que el hermano Bell publicó un anuncio, convocando a todas las iglesias del nuevo movimiento pentecostal a una convención a partir del 2 de abril de 1914 en la ciudad de Hot Springs, Arkansas, fecha que ha sido históricamente gloriosa. El principal acuerdo de esta cita fue la creación de una fraternidad pentecostal lo bastante fuerte y sin fronteras a la que se le puso por nombre: las Asambleas de Dios.

Poco antes de la fundación de las Asambleas de Dios, Henry C. Ball, un activo líder metodista de Kingsville, Texas, fue impulsado por el Señor para levantar una obra entre los muchos mexicanos que vivían en la zona de Ricardo. Su capacidad de hablar español era limitada, pero se esmeró por aprender esta lengua y al poco tiempo empezó a predicar en el idioma de Cervantes.

Para el 1915, el hermano Ball escucho la predicación de un evangelista de las Asambleas de Dios, Felix A. Hale quien predicó en Kingsville, Texas. Allí el hermano Ball fue bautizado con el poder del Espíritu Santo, renuncio a su filiación metodista y poco después fue ordenado como ministro de las Asambleas de Dios, dedicando su tiempo y talento al trabajo entre los latinoamericanos, estableciendo una obra indígena en el vasto estado de Texas.

Mientras tanto, el Señor preparaba a una mujer que en su momento junto con el hermano Ball, habrían de efectuar el trabajo más fecundo en la primera hora del movimiento pentecostal hispano. Su nombre era Alice E. Luce. La hermana Luce fue ordenada como ministro por las Asambleas de Dios en el 1915. Al poco tiempo empezó la obra evangélica entre los hispanos de la ciudad en Los Ángeles. Más adelante, se dedicó  a preparar el programa de capacitación y entrenamiento para pastores y evangelistas a fin de alcanzar al pueblo hispano para Cristo, fundando para tal efecto el Instituto Bíblico Berea, en la ciudad
de La Puente, California.

Un tercer instrumento que Dios eligió para alcanzar al pueblo hispano con el evangelio completo fue Juan L. Lugo, el fundador de la obra pentecostal en Puerto Rico y quien posteriormente contribuyó también al establecimiento de la obra entre los hispanos del área metropolitana de la ciudad de Nueva York.  Lugo solicitó y obtuvo su membresía de las Asambleas de Dios, siendo ordenado como ministro el 30 de enero de 1916. Lugo sentía un gran deseo de volver a su patria natal y predicar el evangelio. Fue así que el 30 de agosto de 1916 llegó a Ponce, Puerto Rico donde comenzó ese mismo día la obra pentecostal en la isla.

Este vigoroso crecimiento entre los pentecostales hispanos preparó el terreno para que en enero de 1918 se reunieran en Kingsville, Texas, H.C. Ball, Demetrio Bazán, Isabel Flores, José Garza, Cecilio Jacinto, Arnulfo Lopez, Rodolfo Orozco y Concepción Suárez, donde se acordó formar la primera Conferencia Latinoamericana, saliendo elegido el hermano Ball como presidente.

Por el crecimiento y la labor misionera entre los hispanos en los Estados Unidos así como también la salida de muchos obreros hispanos al Caribe, América Central y América del Sur, razón más que suficiente para que en el 1925 la Conferencia se constituyera en el Distrito Latinoamericano de las Asambleas de Dios. Fue elegido H.C. Ball como primer superintendente, posición que ocupó hasta su renuncia en 1939. El campo de acción del flamante Distrito Latinoamericano fue la obra latina o hispana en los Estados Unidos y Puerto Rico.

En Puerto Rico, la obra pentecostal fue planeada, organizada y dirigida por las Asambleas de Dios a través del trabajo diligente y esforzado del hermano Juan L. Lugo, quien desde su llegada en 1916 recibió el respaldo de esta gran fraternidad.

La obra pentecostal hispana en Nueva York

A mediados de la década del mil novecientos veinte se levantó una ola migratoria de puertorriqueños que buscando mejores condiciones de vida hicieron viaje a la ciudad de Nueva York, entre ellos hombres que el evangelio pentecostal había transformado a través del bendecido ministerio de Juan L. Lugo.

La mayoría de los hermanos se establecieron en el área de Greenpoint del condado de Brooklyn, empezando a reunirse el grupo para adorar a Dios. Al poco tiempo pidieron a los líderes de Puerto Rico que les enviaran un obrero como pastor. El hermano Lugo, que presidia el concilio de las Asambleas de Dios en Puerto Rico, nombró al hermano Tomás Alvarez, ministro ordenado del concilio general, como pastor de la iglesia en Greenpoint. El 22 de julio de 1928 se abrió la primera obra hispana de las Asambleas de Dios en la región del noroeste de los Estados Unidos.

La obra de Greenpoint fue un verdadero semillero no solo en la proclamación del evangelio en el área de Brooklyn, sino en diferentes lugares de la ciudad de Nueva York, los Estados Unidos y varios países de Latinoamérica.

En marzo de 1931, quince años después del regreso de Lugo a su patria, la obra de las Asambleas de Dios que este dirigió había crecido hasta alcanzar 37 iglesias organizadas. Sintió, entonces, que su presencia en Puerto Rico ya no era necesaria y fijó su mirada en las comunidades de habla hispana de Nueva York y en otros lugares de Estados Unidos.

Para ese mismo año, Tomás Alvarez regresó a Puerto Rico y Lugo, con su familia, se mudó a Greenpoint para pastorear la congregación de Greenpoint.  El espíritu misionero que envolvía a la ferviente congregación de Greenpoint hizo que al poco tiempo se abriese una obra en el sector de East Harlem (conocido como “El Barrio Latino”) en la calle 104, tomando en cuenta que gran número de los emigrantes puertorriqueños estaban formando un núcleo étnico muy particular. Lugo optó por pastorear la nueva iglesia en East Harlem y dejo a Melitón Donato como pastor en Greenpoint.

Eventualmente, la iglesia de East Harlem se trasladó a la calle 115 y adquirió una antigua sinagoga. La poderosa congregación, mejor conocida en “El Barrio” como “La Sinagoga,” envió misioneros a países de habla hispana y dio lugar al surgimiento del Instituto Bíblico (1935) cuando el hermano Edmundo Jordán, miembro laico de La Sinagoga pidió autorización del pastor Juan Lugo para establecer una escuela preparatoria para maestros de Escuela Dominical.

Instado por los lideres misioneros de las Asambleas de Dios, Lugo regresó a Puerto Rico en 1936 para establecer una escuela teológica que capacitara a nuevos ministros. El Instituto Bíblico Mizpa abrió sus puertas en octubre de 1937, con dieciséis estudiantes. Mizpa capacitó a las futuras generaciones de evangelistas, pastores, maestros y misioneros puertorriqueños.  A su regreso, una vez más, Lugo fue elegido como superintendente de las Asambleas de Dios en Puerto Rico. Este intercambió posiciones con el anterior superintendente y misionero Frank Finkenbinder, quien se convirtió entonces en el pastor de La Sinagoga.

El hermano Finkenbinder conocía bien el ambiente evangélico de Nuevo York ya que había vivido buen tiempo en este estado, de tal manera que como pastor de La Sinagoga empezó a confraternizar con los ministros angloamericanos del Distrito del Este de las Asambleas de Dios, siendo acompañado por los hermanos Manuel T. Sánchez y Feliciano Colón, laicos a quienes el Señor estaba preparando para que cumplieran un rol muy importante en la obra.

El Distrito Hispano del Este

La llegada de la década del cincuenta marcara para siempre una página gloriosa en las historia de las Asambleas de Dios en los Estados Unidos, por lo que el Señor hizo en el área metropolitana de Nueva York a través de hombres y mujeres revestidos del poder del Espíritu Santo, quienes impulsaron una verdadera explosión ministerial que se tradujo en la apertura de muchas iglesias en lugares cercanos y distantes de la ciudad de Nueva York.

Varios líderes abnegados trabajaron arduamente para que el evangelio se expandiera a través de toda esta zona, entre ellos se encontraban el Pastor Ricardo Tañón (Iglesia Juan 3:16) y su co-pastor Pedro Ríos quienes fueron instrumentos que el Señor de la Obra utilizo poderosamente.

La explosión ministerial se expandió, empezando por el sur del Bronx y demás barrios del mismo condado, así como en Brooklyn, Manhattan, Queens  y otras ciudades y pueblos del estado de Nueva York, el estado de Connecticut y toda la zona de Nueva Inglaterra, el estado de New Jersey y Pennsylvania y otros estados del noreste del país que llegaron a convertirse en fértiles campos para la obra hispana pentecostal.

Por el crecimiento económico que experimentaba el país en la década del 50, mucha gente comenzó a llegar por aire, mar y tierra de todas partes del mundo, con el deseo de lograr mejores condiciones de vida y progreso.  Una de estas fuerzas migratorias procedía de Latinoamérica, principalmente de México.

El trabajo pionero entre los hispanos se había expandido por el país, de tal forma que el único Distrito Latinoamericano ya no estaba en capacidad para coordinar y dirigir el trabajo de más de trescientas iglesias establecidas, asimismo de muchos otros puntos de predicación, lo que obligó a los líderes de las Asambleas de Dios a la reestructuración de este Distrito. En el año 1946 se dio el primer paso en esta restructuración formándose “La Convención Hispana del Este.” Diez años más tarde en 1956, de acuerdo con las normas de procedimiento interno, se dieron los siguientes pasos para la nueva distribución territorial que se oficializó el año siguiente (1957), creándose el Distrito Hispano del Este, encargado del trabajo en los siguientes estados: Maine, New Hampshire, Vermont, Connecticut, Rhode Island, Massachusetts, New York, New Jersey, Pennsylvania, Ohio, Delaware, Maryland, Virginia, West Virginia, North Carolina, South Carolina, Georgia, Kentucky, Tennessee, Alabama y Florida, además de la isla de Puerto Rico.

Es así que en la memorable reunión del seis de junio de 1957, la asamblea anual de la Convención Hispana del Este se dio cita en la iglesia “La Luz del Mundo” de Brooklyn, Nueva York, teniendo en cuenta el acuerdo con el Distrito Latinoamericano y la aprobación por parte del Concilio General de las Asambleas de Dios, resolvió por unanimidad constituirse en: CONCILIO DE DISTRITO HISPANO DEL ESTE DE LAS ASAMBLEAS DE DIOS. Fue adoptado la constitución y reglamento que habrían de regir los destinos del nuevo Distrito. La primera junta ejecutiva del flamante Distrito Hispano del Este con sede en la ciudad de Nueva York, quedó conformada por los siguientes miembros: Manuel T. Sánchez, superintendente; José Belén Hernandez, asistente al superintendente; Alejandro Pérez, secretario; José Cruz, tesorero; y Manuel A. Cordero, director de la Escuela Bíblica. Asimismo fueron elegidos como presbíteros generales los hermanos Manuel T. Sánchez, Vicente Ortiz y Pedro Ríos. Esta junta distrital fue reconocida oficialmente por la alta dirección de las Asambleas de Dios, cuyos miembros fueron recibidos por el concilio general en la reunión anual llevada a cabo en la ciudad de Cleveland, Tennessee desde el 28 de agosto de 1957.

Nuestros superintendentes han sido:

Rev. Manuel T. Sánchez (1957 – 1959)
Rev. Alejandro Pérez Torres (1959 – 1961)
Rev. Vicente Ortiz (1961 – 1963)
Rev. Ralph Williams (1963 – 1965)
Rev. Augusto Castillo (1965 – 1966)
Rev. Adolfo Carrión (1967 – 1998)
Rev. Rafael Reyes (1998 – 2013)
Rev. Manuel A. Álvarez (2013 – Presente)

El Distrito Hispano del Este ha dado a luz a otros dos distritos: el Distrito de Puerto Rico el 6 de abril de 1974 y el Distrito del Sureste (ahora Distrito Multicultural de Florida) en julio de 1980.

La Nave Pentecostal, Samuel Diaz
El Legado de Juan L. Lugo: el pentecostalismo puertorriqueño, Benjamín Alicea Lugo
Varios artículos históricos – Distrito Hispano del Este